sábado, 11 de mayo de 2013

Infidelidades.





Mi amadisima Mercy... gracias por darme esta esta historia historia tan bizzara. Te amo.

Desde que empezó mi trabajo como terapeuta de parejas, mi vida ha sido un desastre total de emociones y miserias. Tantas cosas que no puedo decir, tantas para-filias extrañas que no puedo juzgar... y ese millón de acciones, decisiones y palabras que las parejas viven, temen, gritan y odian, esperando impacientemente que se les de la razón y, sin embargo, yo no puedo criticar en un intento desesperado por mantenerme profesional. Y no es que lo deteste (no me malinterpreten)... pero me es casi imposible no relacionar sus vidas, experiencias y demás historias con mi propio entorno... y es ahí, cuando un trabajo satisfactorio se vuelve una pesadilla; momentos en los que pienso que mi esposa también puede estar engañándome en sus horas de trabajo, o en su tiempo libre... que se yo. Mujeres decentes han engañado han sus maridos con mas de ocho hombres, ¿porque mi caso seria diferente?

El único motivo por el cual este trabajo era perfecto para mi era - además de la paga - mis cualidades personales; siempre tuve la cualidad de mantenerme profesional, sereno y controlado... o al menos eso pensaba hace algunas horas, antes de perder el control total de mi vida.

La reciente familia de los Noruego Santos llevaba menos de dos años de matrimonio, y las cosas ya estaban feas. De esos años, solo habían pasado juntos diez meses, y lo demás lo pasaron separados con un sentimiento mutuo odio y decepción, hablándose solo por teléfono, juntándose de vez en cuando y peleando frecuentemente con sus suegros y familiares. La vida les había jugado feo, y justo antes de firmar los papeles de divorcio, sus padres los obligaron a visitarme (el mejor consejero matrimonial de la ciudad), en un intento desesperado por recuperar lo que fue un hermoso matrimonio.

La conversación empezó con un extraño aire de frialdad. Ella limpiaba sus lentes mientras evitaba mirar a su esposo, cruzando la pierna con cierto orgullo y vistiendo ropas casuales, mientras que su esposo vestía ropas formales y un extraño abrigo de piel con mucho pelo en la capucha, mirándola fijamente y tratando de captar su atención. Al notar el poco interés de la pareja en hablar, decidí romper el hielo con un simple "Bienvenidos, ¿a que debo su visita?", sin saber la historia que vendría a continuación:

  - Estamos aquí por culpa este hombre ingrato, sin vergüenza e infiel - comenzó la esposa, evitando el contacto visual conmigo - ¡Este hombre que me juro que me amaba!...
  - Amor - interrumpió el esposo - eso no es del todo cierto...
  - ¡Cállate, sin vergüenza! Y todavía te atreves a decirme amor... ¡decíle! Decíle al doctor mejor como era esa mujer....
  - Doctor, ella me dejaba solo...
  - ¡Escusas!
  - ¡Pero, tu también me engañaste!
  - !Porque él comenzó doctor!
  - !Doctor!

Tuve que detener su conversación hábilmente a este punto. Se notaba el rencor que se sentían mutuamente, y estaba claro que no había manera de saber sus versiones si ambos hablaban al mismo tiempo. Tomé el control de la situación y decidí que era momento de escuchar la versión de la esposa, la señora Santos, para hacerme una idea de como comenzaron las cosas. Sin ninguna hesitación y esta vez enfocando su mirada a mis ojos, la señorita (de no mas de 25 años) comenzó la historia.

  - Yo intentaba ser una buena esposa con el. Fui amable, intentaba no pelear, le cocinaba su comida favorita, le lavaba su ropa... en fin, yo era la esposa perfecta y este desgraciado no lo apreció... ¡Cuanto le demostré que lo amaba! Y yo de tonta pensaba que el era feliz conmigo - hizo una pausa, mirando al suelo, y prosiguió - pero no es mi culpa. Todo comenzó cuando a él lo despidieron del trabajo. Me dijo que quería aprovechar su nuevo tiempo libre para "escribir" sus cuentos, mas no sabia lo que "escribir" significaba para él. De la nada, ese hombre empezó a comportarse distante de mi, como si yo ya no le importara. Me preocupe un poco, porque pensé que tal vez estaba deprimido o algo, e intente ser más romántica con él. Le regalé rosas, le escribí cartas de amor... y el se ponía muy feliz... ¡Más no sabia que todo era una actuación, un engaño de este hombre cruel y descarado! Si ya sospechaba yo que era raro que quisiera tanto tiempo libre... Un día quise sorprenderlo. Compre unas rosas y pedí permiso en mi trabajo para salir ocho horas antes... luego compre un pastel con su nombre, y me fui a casa para darle la sorpresa romántica. Cuando abrí la puerta, escuche los gemidos de una mujer... no podía creerlo. Me asuste un poco y me acerque a la habitación sigilosamente, con miedo a lo que podía ver... y al abrir la puerta, ¡ahí estaba él, teniendo sexo salvaje con esa mujer! Le había vendado los ojos y le había esposado las manos... y lo mas enfermo, lo mas repugnante no es lo que estaban haciendo... ¡lo que mas me repugnó es como este descarado la había vestido!, ¡esa era mi ropa, mi camisa, mi falda, mi ropa interior...! Mientras ella gemía, ¡él le gritaba mi nombre! Y ella le respondía "que rico, esposo mío".... ¡Maldito!... - a este punto, ella se quitó los lentes y cerró los ojos, con y con furia replicó - perro...  

Las cosas estaban raras a este punto de la discusión. ¿Porque un hombre vestiría a su amante como su esposa, y la obligaría a que se comportara de la misma manera? Era un rol-play interesante... pero confuso. Necesitaba saber porqué, y calmando un poco a la esposa, dejé que el señor Noruego prosiguiera con la historia:

  - Por mi lado - dijo el esposo con un refunfuñón - yo soy el malo de la historia. Ella me estaba volviendo loco con sus celos.... me preguntaba noche y día si la engañaba, y si decía yo algo malo o algo que tuviera que ver con una mujer, ¡ella se enojaba, y no me hablaba toda la noche! Y yo, rogándole misericordia, solo recibía un "Neh, vete con esas mujeres"
  - Pues claro - interrumpió la esposa - si eso es lo que te gusta, mujeres por montones. A saber a cuantas vestiste con mi ropa...
  - Pero mi amor...
  - ¡Neh!, ¡Vete con todas esas mujeres!
  - Bueno... siguiendo con mi versión, yo soy el malo aquí. Cuando me despidieron, pensé que podríamos tener mas tiempo juntos, pero ella se la pasaba trabajando todo el tiempo... haciendo horas extras, o haciendo simplemente otras cosas. La extrañaba muchísimo, y quería estar con ella... así que empecé a visitar muchos café y bibliotecas, conociendo, desgraciadamente, a mi amante... Le dije lo que pasaba, cuanto amaba a mi esposa, cuanto la extrañaba... y me comprendió completamente. Nos empezamos a frecuentar, coincidimos en todo, y finalmente me dijo que deseaba ser amada tanto como mi esposa, y que sentir uno de los besos que yo le daba a mi esposa... un beso de un hombre realmente enamorado. La besé, y una cosa llevo a la otra... pero ella no era mi esposa, no se siente lo mismo... ¡Y sexualmente nunca le hice nada diferente de lo que hacia con mi esposa!  

No pude evitar mi incomodidad. Era la primera vez que escuchaba algo así de raro. Parecía un caso de obsesión, pero a la vez infidelidad... no podía definirlo en mi mente, y mientras jugaba con intentar no imaginar las escenas (sexo salvaje con una desconocida, esposada y vendada de los ojos, con el notorio detalle que era "lo mismo" que hacia con su esposa...) me mantuve lo mas profesional posible. 
Empecé a observar a la señorita Santos de una manera que no debía... cabello oscuro y abombado, con un flequillo cayendo sobre su frente... lentes rosa, ojos claros, pestañas grandes y oscuras, pequeñas pecas en sus mejillas, un cuerpo hermoso y una cara excepcional... Era una mujer notoriamente bella, y pronto comprendí la obsesión del señor Noruego, quien era, a juzgar por su cabello largo y oscuro, su extravagancia, su delgadez y sus ropas mayormente negras, un hombre extraño y temible... 

  - Luego de ser descubierto en tan penosa situación - prosiguió el esposo - tuve que irme. Renté un apartamento en las afueras de la ciudad y empecé a frecuentar mucho más a mi amante... sin embargo, mi amor siempre le pertenecerá a mi esposa, y mientras mas tenía sexo con mi amante, mientras más la amarraba, llenaba de comida, vendaba, sodomizaba, torturaba y practicaba toda posición del kamasutra, más extrañaba a mi amada y fiel esposa... no es lo mismo.... definitivamente no es lo mismo.
  - Hasta ahora te das cuenta de eso, ¡descarado! - interrumpió la esposa - ¡pero jamas vas a volver a aprovecharte de esta mujer! Yo ya encontré un hombre bueno que me ama...
  
Trague un buen poco de saliva. A este punto de la conversación, no comprendía cómo ellos podían confesar todo esto sin ningún pudor. Temiendo perder el control de mi profesionalismo, interrumpí educada mente la conversación y rogué que por favor fuesen directo al punto sin recalcar tantos "detalles". A esto, la esposa continuó:

  - Cuando el se fue, lo acepto... me sentí muy sola y frágil. A la única persona en la que pensé recurrir en ese momento, en lugar de a mis padres, fue a nuestro vecino... un amigo mutuo de la infancia...
  - Con el que ya me engañaba - interrumpió el esposo.
  - ¡Ese no es el punto, descarado! - reclamó la esposa - el punto que al estar a su lado, y yo sintiéndome tan sola y devastada, perdí el control... una cosa llevó a la otra y cuando menos lo esperaba, mi vecino y yo ya vivíamos juntos... pero igual, estar con el solo me hacia sentir peor, porque él no era ni lo suficientemente sádico ni lo suficientemente masoquista como para llenar mi vacío - volví a sentirme extremadamente incomodo. La señorita Santos continuó - así que empecé a sentirme totalmente deprimida...
  - Sus padres me llamaron para que la convenciera de buscar ayuda - replicó el señor Noruego - pero ella no atendía mis llamadas y cuando lo hacía, no quería creerme... ya no confiaba en mí
  - !Y como confiar en un hombre tan perro como vos! Seguro me querías llevar con uno de tus amigos psiquiatras para que me internaran en un sanatorio y quedarte con la casa... Pero bueno, mi vecino me convenció que no era necesario, que podría superarlo por mi cuenta... más no sabía que la parte mas oscura de esto estaba por venir...
  - Doctor - enfatizó el esposo - lo que está apunto de escuchar puede ser perturbador... así que le ruego su mayor discreción y profesionalidad posible. 

Me levanté, tembloroso, y fui al oasis a tomar un vaso con agua. Lentamente regresé a mi puesto, y esperé lo peor de aquella pareja. 

  - Tengo mucha experiencia en mi área de trabajo - respondí, con cierto desconcierto - y deseo hacerles saber que pueden confiar en mi discreción y profesionalismo. Por favor, continúen.
  - Es que ni yo lo puedo creer. - continuó la señorita Santos, notoriamente molesta - Un día, mientras nuestro vecino estaba en su trabajo, me dediqué a buscar entre los mensajes de su correo electrónico, y lo que encontré ahí me perturbo tanto que ya no pude soportarlo más... ¡Ese maldito hombre también me estaba engañando!, ¡el muy perro quería drogarme con estupefacientes para que me declararan incapaz de controlar mi vida, luego meterme a una clínica de rehabilitación y robarse absolutamente todas mis cosas mientras estuviese internada... para huir con su amante!, ¡pareciera que todos los putos hombres son iguales!... por Dios... y eso no es lo peor de todo... ¿sabe quien es la mujer con la que nuestro vecino escaparía Doctor?, ¿se lo imagina...?
  - Bueno - respondí, tartamudeando - preferiría que ustedes lo confirmen en lugar de asumirlo...
  - Esa mujer - interrumpió el señor Noruego - esa mujer es mi amante. Su plan siempre fue destruir nuestro matrimonio y huir con nuestro vecino...
  - Y esa mujer - continuó la señora Santos - esa mujer está casada... y planea robarse todo el dinero de su verdadero esposo... y tiene como acceder a su cuenta de banco, según los emails que leí...

Me levanté automáticamente. Saqué mi pañuelo, me limpie el rostro y me volví a sentar. Por un momento sentí el deseo de reírme por la ridícula historia de aquella pareja, pero por el lado clínico, mi frustración había llegado a un grado intolerable. Simplemente no podía comprender el porqué de las cosas... me preguntaba si la pareja realmente quería regresar a ser el matrimonio que era antes, o si querían ser amigos después de todo... pero el comportamiento de ambos reflejaba claramente que una reconciliación no era una opción factible; por otro lado, dado el caso que ambos fueron traicionados por las mismas personas, parecía que su relación se había vuelto completamente "profesional" (por no decir provisional, o mientras se arregla tremendo lío) y, por extraño que parezca, parecían estar bien de esa manera... pero, ¿porque asistir a terapia de pareja con un especialista en reconciliaciones?, ¿seria que en el fondo querían comenzar de nuevo? No. Ella menciono tener a "un hombre bueno" en su vida...

  - Comprendo enteramente la frustración de ambos al vivir una experiencia tan aterradora - empecé a hablar, aun sin saber como proceder - Sin embargo, me pregunto si entre ustedes hay alguna posibilidad de reconciliación o algún sentimiento, por pequeño que sea, de amor mutuo que aún los mantenga juntos...
  - A mi me encantaría - respondió el señor Noruego - pero a estas alturas ya comprendí que eso es imposible... además, creo que he llegado a disfrutar estar solo.
  - ¡Huy!, y a mi ni me pregunte - continuó la señorita Santos - yo no vuelvo con esta parodia de hombre. Yo ya tengo a alguien que me ama de verdad... mi Matiii...
  - Entonces - proseguí, mucho más frustrado - ¿cual es el motivo de su presencia?, ¿como puede este servidor ayudarles?
  - Ayudarnos como pareja es imposible - me respondió el esposo, muy serio - y en cuanto al motivo por el que estamos aquí, es por usted, Doctor.
  - ¿Por mí? - respondí, confundido.
  - Doctor - continuó - me preguntaba si por casualidad usted conoce al señor Randy Hernandez...
  - Por su puesto. Estudiamos juntos en la universidad y fuimos grandes colegas...
  - Pues... no se como decirle esto, doctor, pero Randy es el vecino del que le hablábamos... y el nombre de mi amante... bueno, me pregunto si la conoce... se llama Shakuanda... Shakuanda Johnson.

El silencio se apoderó de la habitación. La pareja se quedó inmóvil e inexpresiva, esperando una reacción violenta por mi parte. Sin embargo, lo único que hice fue soltar una estruendosa carcajada. Al verme, ambos me acompañaron a reír... Unas cuantas lágrimas salieron de mis ojos, y pregunté:

  - ¿Están donde yo creo que están?
  - Sí - respondió la señora Santos - Lo sentimos mucho, teníamos que decirle...
  - No hay problema - respondí, sonriendo - Tengo que irme.
  
Me levanté, y sin despedirme salí del consultorio. Fui a mi automóvil y abriendo el baúl, saqué un bate de baseball metálico que utilizaba para jugar con mis colegas en el parque. Sin soltarlo, manejé hasta mi casa y abrí la puerta, evitando a toda costa hacer un solo sonido que interrumpiera la escena. Caminé hacia la habitación y los encontré... Shakuanda, mi esposa, teniendo sexo descaradamente con mi amigo Randy; Ella gritó que no era lo que parecía, y yo le sonreí como nunca lo había hecho antes... Aún tenía el bate en mis manos, y muy poco "profesionalismo" en mi sangre...

Vaya manera de perder el control.

martes, 1 de enero de 2013

Capitulo extraño...




Enero es usualmente mi mes favorito. Tanto yo como la persona que más amo en este mundo cumplimos años en este mes. Mi hermano también cumple años este mes. Incluso el Doctor Krowie cumple años este mes… No lo sé, me gusta porque usualmente este mes representa un nuevo inicio, mucha esperanza y el inicio del verano…

…Pero este Enero es diferente.

Este mes está lleno de tristezas para mi personaje. Están pasando demasiadas cosas… Cosas que no esperaba junto con aquellas que solo terminaron reventando. Es difícil, y desgraciadamente no puedo escribir nada nuevo en este mes porque mi cabeza está demasiado ocupada… estos días debo esperar lo mejor...

Pero trabajaré para febrero. Febrero será un buen mes… todos aman febrero. 

lunes, 24 de diciembre de 2012

Goliat



¡La época navideña había vuelto! Las calles ya estaban totalmente cubiertas de nieve y Manuel estaba totalmente dispuesto a celebrar. Caminaba, como siempre, con dos damas de compañía y su fiel guardaespaldas por el callejón que conducía a su automóvil, en donde siempre, por algún motivo, encontraba al mismo tipo de cabello largo tirado a la par del basurero. Era una navidad excelente, con un clima exquisito y un aura increíble que te dice que nada puede salir mal.

- Señor… ¿me regala unas monedas? – Dijo el tipo de cabello largo, en voz muy baja y mientras se levantaba con lentitud.

- ¡Ve a trabajar, borracho loco! – Le gritó Manuel, mientras sus damas reían.

- No lo entiende señor, tengo hambre…

- Ve a decirle eso a alguien que le importe.

- Señor…

El tipo intentó acercarse y tocar a Manuel, pero rápidamente su guardaespaldas intervino golpeándolo en el estómago. Manuel estaba indignado. Sacó una manopla del bolsillo de su chaqueta y tomando al tipo por el pelo, golpeó su quijada, haciéndolo caer al suelo. El guardaespaldas apuntó su arma contra la cabeza del hombre y Manuel, volviendo con sus chicas, sonrió con descaro...

- Es por eso que un negro asqueroso como él no debe intentar tocar al hombre que lleva puesto un traje blanco de novecientos dólares. Mátalo de una vez…

- Manuel, ¿no te acuerdas de mí? – Dijo el hombre, levantándose lentamente.
Manuel continuó caminando. Escuchó un disparo y supo que el trabajo estaba hecho. Sin embargo, el rostro de aquel hombre le pareció levemente familiar…

- ¿Quieres casarte conmigo?... Digo, sé que soy demasiado alto y un poco tonto, pero te amo mucho y… 

- ¡Dios mío!, ¿Es en serio?... ¡Por Dios, claro que sí!, ¡claro que sí, mi amor!... Me haces tan feliz, mi vida.... ¡Acepto!, ¡Claro que acepto casarme contigo!
Hacía unos ocho años, una pareja muy joven contrajo matrimonio. Tenían un negocio de comida y se habían vuelto muy exitosos. Eran increíblemente amables, y los dos estaban muy felices de tenerse el uno al otro. Al año aproximadamente, ya estaban esperando a su primer hijo… ¿Cómo se llamaban?...

- ¡Manuel!... ¿Ya no te acuerdas?

En cuestión de segundos, el hombre corrió hacia Manuel con una navaja automática, apuñalando unas cuatro veces a una de sus acompañantes y levantándolo a él con fuerza casi sobrehumana, lazándolo al suelo junto con el cuerpo sin vida de  su viejo y leal guardaespaldas. La otra mujer corrió con mucho pánico mientras Manuel se desangraba, totalmente inmóvil y estupefacto; al parecer, el golpe había dañado su espalda y le era imposible moverse.  Entre el pánico, intentó tomar el arma que escondía debajo de su chaqueta, pero sus manos no reaccionaron. Su atacante se acercó lentamente hacia él, y con cierta expresión vacía, dijo tranquilamente:

- ¿Seguro que no te acuerdas, Manuel?

- ¿Quién eres?, ¿quieres dinero? ¡Te daré todo lo que tengo si me dejas vivir!

- No, Manuel… no quiero tu dinero.

- ¿Entonces qué quieres?

- Quiero matarte.

El hombre posicionó la navaja en la frente de Manuel, y viéndolo fijamente a los ojos con la misma expresión vacía, continuó:

- Yo era feliz…. Muy feliz de hecho… Pero tú y tus amigos me amargaron un poco… ¿Dónde está el otro, el pelirrojo y el de cabello verde?

- ¿Quién eres?, ¿Quién demonios eres?

- Te propongo un trato… Si me respondes con la verdad, te dejare en paz de una vez por todas.

- ¿Lewis y Meteoro?, ¡Lewis está apostando en la cantina de Don Miguel casi todos los días!, ¡Él debe saber dónde está Meteoro! No me mate, por favor, le pagaré…

- Muchas gracias… Ahora te enviaré al infierno… ¡Saluda a tus otros amigos de mi parte!

- ¡Dijo que me dejaría en paz!

- Y eso es lo que hago… La vida no nos da lo que esperamos en el mejor de los casos. 

- ¡No, no me mate! Voy a hacer lo que sea.  Lo que sea, en serio…

- La piedad nunca es parte del trato... Adiós, Manuel.

- ¡No, no lo hagas!... ¿Quién eres?, ¡Quién demonios eres!

- Soy Goliat.

El hombre clavó la navaja en la frente de Manuel, y sin ningún remordimiento procedió a cortar su cabeza, guardándola en una gran mochila negra que llevaba consigo…
Ya tenía el nombre de su siguiente víctima, y sabía dónde buscarla.

- Jefe, vinieron los de la banda de Meteoro… Destruyeron la tienda y secuestraron a su esposa… dijeron que si no les lleva medio millón de dólares esta tarde, la van a matar.
Goliat entró a la cantina de Don Miguel; un lugar de muy mala muerte en donde solo criminales de terrible reputación se reunían a apostar y divertirse. En la mesa del fondo se encontraba el nombrado Lewis, tomando como loco y jugando póker con otros tipos. En la mesa hacía falta un jugador, lo cual Goliat aprovechó.

- ¿Te conozco? – Preguntó Lewis, al ver el rostro de aquel hombre tan familiar.

- Soy… Amigo… Muy buen amigo de Meteoro – Replicó.

- Vaya, hace años que nadie lo llama así… Pero bueno, “eras” amigo de Tim.

- ¿Por qué ya no lo llaman Meteoro?

- Hace años hicimos algo… bueno, algo muy malo. Se sintió mal y se hizo cristiano. Se casó y tiene dos hijas. Está limpio como nunca.

- Bien por él…

Mientras tanto, Tim arreglaba el árbol navideño con su familia… Los cuatro vivían en una casa alejada del centro de la ciudad; lugar tranquilo y acogedor que les daba espacio para ir a la iglesia todos los días y educar a sus amadas hijas personalmente. Ese hombre jamás había sido tan feliz en su vida y su esposa estaba muy orgullosa de él y sus cambios... 
…En esos suburbios, Tim era un ejemplo a seguir…   

- Volví a ganar – Dijo Goliat, sin emoción o sentimiento aparente. 

- Vamos, hombre. Nos vas a dejar sin dinero y eso no nos gusta – Bromeó Lewis, con cierto desconcierto – ¿Y cuándo conociste a Tim? 

- Hace unos siete años…

- Entonces supiste lo que pasó.

- No… no realmente.

- Mira, te cuento sólo porque ya estoy un poco intoxicado. Tim planeo el secuestro de una mujer… Una joven como de unos veintidós años que estaba embarazada. Pidió rescate a su esposo, que también era muy joven, y le dijo que si no le daba medio millón de dólares iba a matar a su mujer. Lo mismo si llamaba a la policía…

- No me lo imagino…. ¿Qué pasó después?

- El chico llegó con el dinero en una gran maleta, tal y como le habíamos dicho. Éramos cinco ese día; yo tenía amarrada a la chica, que era lindísima por cierto… Luego estaba Manuel, que fue quien contó el dinero en una de esas máquinas… y Meteoro, que estaba con su arma apuntando al chico mientras contaban el dinero; los otros dos no me acuerdo que hacían… Solo me acuerdo que el dinero estaba completo... 

- Debió ser horrible.

- Sí… pero bueno, yo dejé ir a la chica. Le quité las vendas y ella corrió a abrazar a su esposo. Fue conmovedor y nos dimos cuenta del daño que les habíamos causado, por lo que los cinco decidimos dejarlo.

- Me alegra saberlo… Igual, busco a Meteoro porque le debo un favor desde hace ya muchos años y pienso pagarle… ¿sabes dónde vive?

- No creo que quiera verte. Ya no se junta con gente como nosotros… digo, solo mírate, tú y tus botas de combate, esas rastas asquerosas y la ropa negra… pareces un vagabundo. Sea cual sea tu deuda, él ya te la perdonó.

- Bueno, no es cualquier deuda… ¿Quieres que te cuente un secreto?

- Sí, dime.

- Busco a Meteoro porque quiero matarlo.... Y vengo por ti también.

Lewis rápidamente sacó su arma, y antes de poder apuntar, vio como en cuestión de segundos su verdugo le cortó la mano de golpe con un largo cuchillo. Goliat pronto tomó el arma de Lewis y empezó a dispararle a todos los presentes en el bar, recibiendo unas cuantas balas que provocaron muy poco efecto en su puntería. Los restantes intentaron atacar también, pero decidieron huir al ver la facilidad con la que ese ser tan alto y casi inhumano se movía con rapidez para cubrirse de las balas, tomando los cadáveres que dejaba a su paso como escudo y matando a cualquiera que se pusiera en su mira. Al final del encuentro, la cantina quedó sola, y los únicos seres vivos en todo el lugar solo eran Lewis y Goliat, dejando muy claro que lo sucedería a continuación no iba ser nada agradable para Lewis…

- Tú… tu eres el chico de mi historia… tu eres… 

- Sí… yo soy Goliat.

- ¡Demonio!, ¡Deberías estar muerto!

- Debería… pero no lo estoy… Solo me siento un poco… infeliz… 

- ¡Fue hace siete malditos años! Supéralo ya.

- Lo pensaré si me dices donde está Meteoro. 

- ¿Te crees muy justo por esta venganza absurda que llevas a cabo? Déjalo en paz... Él ya no es la misma persona que conociste. ¡Ahora es una persona buena!

- Me parece bien… – Respondió, acercándose más a Lewis –  Pero no me importa… Así que te propongo un trato. Hay un hospital aquí cerca. Aún puedes recuperar la mano… Si me dices donde vive Meteoro, te dejaré ir.

- Ya mataste a todos los demás… ¿Esperas que te crea que me dejarás ir a mí?

- Tú fuiste quien dejó ir a mi esposa.

- Y yo nací ayer… – Respondió Lewis, con sarcasmo.

- Bueno… si eso piensas, me parece bien… Adiós, Lewis.

- No… espera. ¿cumplirás tu promesa de dejarme ir?

- Tendrás que intentarlo…

Lewis lo pensó por un momento... Era básicamente cambiar la vida de su amigo por la suya. Después de unos minutos, su decisión lo terminó haciendo perder la cabeza a manos de Goliat… y facilitar la misión de su asesino. Ahora, solo quedaba un cabo suelto en los suburbios.

- Mi amor, todo está bien, ya pasó. Tu esposo está aquí para salvarte… Vámonos a casa, ¿sí?

- Goliat, esos hombres me hicieron cosas horribles… nuestro hijo…

- Tranquila mi amor, ya pasó, ya pasó…

Goliat entró a la vivienda de Meteoro con el odio incrustado en sus ojos. En la mano izquierda llevaba su navaja, y en la derecha el revólver de Lewis. La familia de Tim estaba reunida en la mesa, a punto de tener la cena de navidad. Goliat tiró la mesa y levantó a la esposa,  tirándola a una de las esquinas. Tim gritó a las niñas que se fueran con su madre, las  cuales la abrazaron fuertemente, cubriéndola con sus cuerpos. Goliat apuntó el revólver hacia la cabeza de Tim, y quitando el seguro, gritó:

- ¡Meteoro, tantos años sin verte!… Todos tus otros amigos te esperan en el infierno.

- Goliat, por Dios santo…

- ¿Te acuerdas de mí?

- Escucha Goliat. Perdóname... He pasado mi vida tratando de perdonarme a mí mismo, y te he buscado durante mucho tiempo para pedirte perdón también… Sé que lo que hice no tiene nombre y lo comprendo… Pero Dios me ha cambiado la vida para bien y me ha perdonado. Lo siento mucho, por favor, en el nombre de Dios, no hagas una estupidez…

- Sabes, todos tus amigos se ofrecieron a intercambiar algo por sus vidas… y me resultó interesante, porque todos accedieron... Sabes, a ti también te propondré un trato… Si me dejas matar a tu familia – Dijo Goliat, sin ningún sentimiento aparente – O si me dejas matar solo a tú esposa, te dejaré vivir…

- Estás loco…

- La decisión es tuya…

- ¡Entonces mátame de una buena vez!

- ¿Seguro?

- ¡Mátame ya!, ni se te ocurra tocar a mi familia… Yo fui quien te dañó, yo debo pagar… ¡Mátame!

Goliat puso el dedo en el gatillo, pero un grito lo detuvo. La hija menor de Tim corrió hacia su padre y se lanzó hacia su cuello, cubriendo todo su pecho. Su padre la abrazó también, y sus cabezas quedaron justo a la par. La niña lloraba amargamente, gritando “no lo mate... Por favor no lo mate, no lo mate.”
Goliat se paralizó un segundo. Recordó la escena. Su esposa también se lanzó hacia su cuello, abrazándolo de la misma manera.  Escuchó a Meteoro decir “No lo hagas, por favor”, y se recordó a sí mismo diciendo las mismas palabras cuando Meteoro apuntó un revólver hacia su cabeza. “Ya pagó el precio, déjanos en paz” lloró la niña, y recordó a su esposa decir lo mismo. Una lágrima helada corrió por su mejía, y Goliat, aún paralizado, no supo que hacer. 

- Meteoro, ya déjalos ir – Dijo Lewis – Baja esa arma de una buena vez.

- ¡Ese idiota nos vio las caras!

- Solo vámonos… 

- Goliat, esa niña crecerá sin padre…

Entonces, disparó. Goliat recordó la escena y disparó también. Ese día, la bala iba dirigida hacia él, pero atravesó el cráneo de su esposa… “Maldición, fallé” dijo Meteoro. Volvió a disparar, y esta vez acertó justo en la frente de Goliat. La banda escapó dejando a ambos sangrando en el suelo… Su esposa murió, pero Goliat sobrevivió... o por lo menos su cuerpo. Al no sentir emoción o sensación alguna, practicó sus habilidades de asesino cada segundo desde que dejó la inconsciencia y se aseguró de tener una puntería perfecta, por lo que era imposible para él fallar un tiro. Así que Goliat, al disparar, acertó justo donde quería, y con una sonrisa burlesca, replicó: “Maldición, Meteoro… fallé. ¿Me perdonas?”

La bala atravesó el pequeño cráneo de la niña, y Meteoro, al sentir su sangre, perdió las fuerzas y calló de rodias… ¡Tenía el cadáver de su hija menor en brazos! Como pudo, trató de levantarse y quitarle el arma a Goliat, pero solo logró obtener un puñetazo que lo derrumbó al suelo. Su esposa estaba aún inconsciente en la esquina y su otra hija trató de huir, a lo cual Goliat solo repitió con odio “Déjame intentarlo otra vez”. Esta vez disparó a su otra hija, y no falló. Sonrió, y disparó a las piernas de Meteoro. Goliat volvió a repetir “Mira que torpe soy, volví a fallar. Lo intentaré de nuevo” y esta vez, disparó a la cabeza de la esposa… Tim gritaba, lloraba y en vano trataba de moverse… Goliat se acercó a él, y levantándolo del cuello volvió a sonreírle. 

- Mi esposa iba a tener gemelos. ¿Estamos a mano?

Goliat lo lanzó con todas su fuerzas a la pared, y al caer al suelo, rápidamente lo tomó del pelo. Meteoro estaba desmayado, y seguramente no sintió  cómo Goliat le destruía el cráneo, chocándolo al menos una cincuenta veces contra el suelo. Goliat tomó su navaja y cortó la cabeza de Meteoro, metiéndola a la mochila también. Por un momento le pareció escuchar a su esposa susurrarle al oído, diciendo “Goliat, ¿en qué te has convertido?, ¿te parece justo lo que has hecho? ¡Has matado a muchas personas inocentes!, ¡Te has vuelto un asesino, y lo peor es que eres justo como ellos! No eres el hombre de quien me enamoré… no eres el Goliat que yo amé”.  Goliat salió de la casa y caminó por aquella calle llena de nieve. Susurrando en silencio, respondió a su esposa: “Lo siento mucho, mi amor. El hombre que amaste murió contigo. El hombre que queda es el que tiene que respirar en un mundo en el que tú no existes… y a él ya no le importa lo que es justo o no…  lo único que queda es este dolor, tu recuerdo, mi insaciable sed de sangre y este gran odio que siento por todo… y por todos.”. 

Goliat se perdió en los bosques de la ciudad y jamás se le volvió a ver. Algunos dicen que vaga errante por todas las ciudades; otros que se enterró vivo junto con su esposa… Pero nadie lo sabe… Y es mejor así. Algunos dicen que anda por ahí en busca de completar otras venganzas, y tiene sentido: Lo único que encontraron de él fueron las cabezas de sus enemigos, empaladas al lado de la tumba de su esposa, y un mensaje corto escrito a mano que hela la sangre de todos los pecadores: “Si lloras por venganza, te buscaré. Si lloras por misericordia, te encontraré… y si has cometido errores, te facilitaré tu entrada al infierno. Te esperaré aquí, hasta que el día indicado venga”…